Una historia del tartán
Cultura, política y reivindicación de un tejido
Que la moda puede ser política es algo que empieza a ser de creencia popular para todos nosotros, especialmente los que hemos vivido o hemos experimentado la vida alrededor de ciertas subculturas urbanas o ciertos movimientos generacionales. En las últimas décadas hemos visto a grupos de personas afines enarbolar ciertas prendas o ciertos estilos para reivindicar un estilo de vida y una forma de ver el mundo, pensad en los hippies, los punks, y todos los estilos asimilados al metal. Lo cierto es que mucha política de la moda de estas últimas décadas es parcialmente impostada, debido a que se han tomado prendas ajenas para conformar una identidad de invención reciente y, en la mayoría de los casos, no se han creado nuevas identidades visuales para acompañar al movimiento. Pero si miramos al pasado, sí vemos mucha conexión entre las prendas de diferentes sociedades y su propia identidad como grupos humanos con autonomía (o pretendía autonomía) política, cultural e histórica. Hoy vamos a ver la historia de una prenda cultural, política, histórica, prohibida y llevada a formato de masas, pero también a subculturas recientes: el tartán.
El tartán como tejido
El tartán (tartan en inglés, breacan en gaélico) no es un diseño ni un patrón como podemos pensar desde ojos desconocedores de la moda, sino una forma de tejido. Esta diferenciación es importante dentro del mundo de lo artesanal y de la confección, pero no visible desde el mundo que consume moda que no comprende la diferencia entre el aspecto de un tejido y la forma en que este se realiza. El tartán es una forma de tejer que da lugar a una tela, tradicionalmente de lana dado que se llevaba por parte de los highlanders en zonas muy frías y húmedas donde se necesitaban prendas que preservaran el calor, y que se realiza por un proceso muy sencillo de cruzar trama y urdimbre. Trama y urdimbre son los hilos que se colocan en un telar siendo la urdimbre el conjunto de hilos que van en el sentido vertical del telar y la trama los que van en un sentido horizontal al telar. Este cruce de hilos se da en la gran mayoría de las telas y la variación se suele dar en cuántos hilos de trama por cuántos de urdimbre se utilizan, ya que de esta elección se llega a tejidos más tupidos, más ligeros, más o menos flexibles, etc.
El tartán sigue un proceso muy sencillo de dos hilos de urdimbre por dos de trama que crea un tejido resistente y con la misma flexibilidad en todas sus direcciones. Sobre esta base de dos por dos, el hilo se entrecruza con una única hebra lo que da lugar a ciertos ángulos a 45 grados visibles cuando te acercas a observar un tejido. Estos ángulos y la combinación de los diferentes colores en patrones repetitivos es lo que da lugar a la imagen característica del tartán. En el mundo actual se habla del plaid, que puede que hayas escuchado si te interesa la moda o lees en inglés, pero la diferencia con el tartán tiene que ver con este tejido versus diseño, ya que el plaid adopta la imagen visual del tartán sin crear este tipo de tejido y sin estos ángulos visibles.
El tartán es importante en tanto a que se encontraba (y se encuentra) ligado a diferentes clanes. Una persona no llevaba el tartán que fuera de su agrado, sino que llevaba aquel que era el identificador de su clan, de su familia y linaje. Si te apellidabas MacQueen, el tartán que llevabas era este:
El tartán del clan MacQueen es importante porque es uno de los más fáciles de diferenciar y que más habréis visto en moda actual o en las últimas décadas, también lo es por algo que veremos al final de esta entrada. La asociación de ideas es sencilla, si el tartán representaba a un clan, entonces su finalidad única no era la del abrigo y Escocia tiene una larga historia bélica e identitaria.
La historia del tartán
El tartán se asocia a lo escocés y lo gaélico, si bien los restos de tartán más antiguos que se conocen datan de hace 3000 años y se encontraron en Sinkiang, China, al sudeste de Kazajistán. Las diferentes formas de tartán se suceden a lo largo de varios milenios y siglos en zonas diferentes de Eurasia, ligados a momias y enterramientos, si bien estos tartanes eran más bien sencillos. La forma elaborada de la que hablamos hoy en día cuando hablamos de tartán per se, se comienza a encontrar a partir del siglo XVI en las Tierras Altas de Escocia. Y es aquí donde comienza una batalla bélica y cultural. Los gaélicos del norte, divididos por clanes, familias y diferentes ideologías en cuanto a su posición sobre la separación o unificación de Escocia se perviven solo de forma pacífica previo a esta época. Escocia había estado unificada por la Casa de Estuardo (House of Stuart), de tradición católica, desde 1371 hasta 1603, y posteriormente en conjunto con Inglaterra e Irlanda hasta 1714, cuando la casa pierde el poder con la muerte de la Reina Ana de Gran Bretaña.

Es entre este momento y 1745 que se conforma un movimiento jacobita entre las Tierras Altas que pretende reinstaurar y unificar una nueva Casa de Estuardo. Charles Edward Stuart, también conocido como Bonnie Prince Charlie, comenzó a liderar un movimiento de clanes rebeldes perfectamente identificados por sus tartanes hacia Inglaterra con la idea de volver a tomar el poder de Escocia e intentar quitar el trono al rey protestante Jorge II. Tras varias décadas de rebelión, en 1745, todo el movimiento rebelde cae en una batalla en Culloden, a las afueras de Inverness. Esta pérdida bélica daría lugar a todo un cambio en la historia del tartán. La monarquía reinante debe evitar una nueva rebelión y para ello comienza a tomar medidas de represión, aplicando la primera a este cruce de tramas y urdimbres de colores.
El Dress Act de 1746, acordado en el parlamento de forma urgente, no prohíbe el tartán en sí mismo ya que, como veíamos, era una forma de tejido difícilmente censurable, pero sí prohíbe ciertas prendas: la phillabeg (el pequeño kilt, esto es la prenda de diario), los trews (los calcetines altos) y los abrigos con estampado de tartan. Solo se permitió el uso del tartán en uniformes para oficiales y soldados del ejército. Para el resto de los clanes lo que se hizo fue, a partir de prohibir estas prendas concretas ligadas al uso del tartán, conseguir que adoptaran una forma de vestir más acorde a la de los southllanders escoceses, es decir, más europea y estilizada y menos identitaria. La idea fue, a través de la modificación de la forma de vestir, hacerles olvidar que una vez fueron diferentes.

El Dress Act y otras normas de control derivadas de la guerra se unifican por parte del gobierno británico en 1747 en el Act of Proscription para asimilar a la Escocia rebelde y especialmente el norte que formaliza la prohibición del año anterior y además prohíbe tocar la gaita y hablar gaélico bajo pena de muerte, prohíbe tener armas, prohíbe leer la biblia en gaélico, arrinconando, no solo a la prenda, sino también el idioma identitario de la zona. Se instauran asimismo otras prohibiciones de tipo administrativo y los jefes de los clanes que habían apoyado la causa jacobita perdieron sus tierras para ser vendidas a quien más pagara por ellas. Muchas prohibiciones aguantaron hasta el siglo XIX y muchos clanes desaparecieron a todos los efectos, pero la primera prohibición en surgir fue la simbólica, la del tartán.
Presente y pasado después de la guerra
La batalla en Culloden y la consiguiente limpieza étnica que sufren las Tierras Altas hace que se cree una emigración en masa de miembros de estos clanes a colonias en América, Australia y Nueva Zelanda, y el polémico tartán viaja con ellos. Estados Unidos recibe el tartán y lo transforma en el plaid, ideal para sus trabajadores, para 1850 la casa Woolrich, que ya cuenta con un par de décadas de existencia, crea el Buffalo plaid pattern basado en el tartán del clan MacQueen, representativo desde entonces y hasta ahora de los trabajadores de la madera (y de los futuros hipsters):
En Inglaterra se levanta la prohibición de las prendas en 1782, las casas reales comienzan a utilizarlo para intentar conseguir una unidad cultural con Escocia, algo que no cala bien en el norte, donde los escoceses lo consideran una banalización de su historia. Estos escoceses comienzan a utilizar el término tartanry para denominar al fenómeno de moda que se daría a lo largo del siglo XIX por el que el tartán se vuelve el furor del momento, pero desprovisto de toda historia y significancia política y cultural. El siglo XX en su mayor parte da la espalda a la confección artesanal del tartán, permitiendo que continúe la moda del plaid americano, hasta la llegada de los punks en los 70. Vivienne Westwood y los Sex Pistols comienzan a utilizar el tartán con tintes políticos, toda la estética y cultura punk mira a Escocia y comienza a entender la historia del tartán, otros fenómenos como los musicales comienzan a reivindicar la historia de los clanes y el tartán vuelve a ser tema de conversación. La aparición de internet da lugar al Scottish Register of Tartans donde se recoge este pedazo de historia a través de los clanes y los tejidos.
En 1995 Alexander McQueen, famoso diseñador de la época, tira de su propia historia para reivindicar la historia de los clanes. Hijo de un taxista escocés y una profesora de ciencias, fue conocido por su rebeldía y por lo inusual de su aparición en un mundo tan cerrado y elitista como es el de la moda. Provocador desde su primera aparición, crea un desfile de moda (su sexto desfile) al que pone el inequívoco nombre de Highland rape en el que el tartán de la casa MacQueen toma el protagonismo. El estilo del show fue bélico en todos sus aspectos, con prendas rasgadas y sangre falsa incluidas. Cuando algunos medios del momento intentaron denunciar misoginia en el show, McQueen decidió ser aún más claro con su idea afirmando que el show representaba la violación a Escocia por parte de Inglaterra. 250 años después de la batalla de Culloden y la “prohibición” del tartán, aún existía un diseñador de moda reivindicando la pérdida. De esto también van los tejidos.
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Excelente relato sobre la historia del tartán! ❤️
Super interesante 😀